Hay personas grandes. Grandes en su interior, precisamente porque pasan desapercibidas a los ojos superficiales que las creen pequeñas, juzgándolas sólo por su apariencia. Pero conservan toda la esencia dentro, en sus actos, sentimientos, acciones, gestos y carisma. Así era mi abuela. De esas personas "amb seny", siempre pendiente de todo, quizás un tanto esquiva a la hora de mostrar los sentimientos, pero muy justa. Intenté aprender de ella, de cómo había sido capaz de afrontar una guerra, de tirar adelante una familia dividida entre el exilio, el amor, el campo de batalla y el dolor. Por suerte esto sólo lo conocí de sus palabras, no de la experiencia. Aprendí acerca de la guerra civil por sus historias y crecí entre verdura y pescado para cenar las noches de verano, a su lado. Austera pero suficiente. Siempre tuve un vínculo especial con ella y aún cuando iba a morir me dijo: "tienes un ángel". Y yo sé que mi ángel es ella. Mi abuela murió hace tres años para reyes, después de unos años de demencia y enfermedad, y disgustos varios por motivos familiares. Ella callaba, pero observaba y se daba cuenta de todo, la conozco. Por suerte, la acompañamos hasta el final, y lo supo. Supo que la queremos.
Estos reyes, tres años después, recibo un sobre de manos de mi padre (que a su vez le había dado mi tío, el hijo soltero que vivió con mi abuela hasta el final). Lo abro y dentro hay XXX €. La cantidad no es lo relevante, aunque me sorprendí mucho. ´Me dijo: "de parte de tu abuela". Mi tío había encontrado una nota donde aparecían las fechas de baptismo de todos mis tíos (los 5 hijos de mi abuela), una cartilla con mucho dinero y otra nota donde escribía que su voluntad era que todo el dinero de esa cartilla se repartiera de forma igual como herencia entre los nietos. Nadie había encontrado ese papel, ni la cartilla, ni nada...y de repente, 3 años después aparece, para recordarnos que sigue ahí. La ilusión, tremenda, sin duda, pero no me sorprende, esas voluntades de mi abuela es lo que la hacían grande. Su sentido de la justicia, la honradez (aquí faltaría un poco de historia familiar como contexto para entender que en esta familia todo el mundo no es tan trasparente como ella...pero no quiero empañar un escrito sobre mi abuela con malas palabras hacia otros). Sólo gracias por todo lo que me ensñaste y por mostranos que en la vida hay que ser fiel a uno mismo hasta el final y que, por suerte, puede sorprendernos cada día. Todo es posible.
En recuerdo, Cris y yo fuimos a comprarnos una joya como recuerdo a ella, para que al mirarla no nos olvidemos de recordar todo lo que llevamos dentro.