Ser fiel a uno mismo, a sus ilusiones, sueños y deseos, es la mejor guía que puede marcar nuestro camino. Los obstáculos, van apareciendo y nos los vamos encontrando. Llega un momento en que una no sueña con una vida ideal sino que se da cuenta de que, la vida, es la que es. Y está compuesta de momentos, muchos momentos, como micropartículas que conforman cuerpos. Y esos momentos, hay que vivirlos, sin dar excesiva relevancia a los malos (porque es lo fácil...dejarse llevar por el pesismismo y victimismo) y sin pasar de largo los momentos buenos (que por un exceso de falsa modestia o culpabilidad por circunstancias de alrededor) hacen que desvirtuemos las cosas. A todos nos tocan momentos de todo, sin duda, sino no estaríamos vivos. Lo importante es la actitud ante esas situaciones. Por suerte, o, porque sí, ahora vivo un momento estupendo y parece que dé miedo decirlo, o incluso que suene arrogante, pero no, hay que atreverse a decirlo para darle el valor que tiene. Solo así estos buenos momentos nos fortalecen para otros que no son tanto y nos llenan de optimismo para arrimar un hombro a gente que queremos y que ahora esta en otro momento distinto, en el suyo. Todo tiene un por qué, y llega. Y el esfuerzo tiene recompensa, sin duda. Ser fiel a uno mismo y no olvidar construir la vida que realmente quiere y no la que le hacen creer que quiere o aquella en la que se siente seguro. El que no se arriesga está siempre en el mismo sitio.
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